Magerit

Me retaron a hacer una poesía de mi ciudad. Pues sin problema, la hago; además que me encanta, que mejor que dedicarle unas letras a Madrid.

Por cierto, ya que estamos, todo el que quiera queda retado a hacer un poema sobre su ciudad.


MAGERIT

Caminando por calles de ajada constancia,

las baldosas penden de un hilo

y se agrietan al paso de los tiempos,

marcando la distancia hacia el humo de la historia.

Ruido, casi nunca ladridos del perro o cantares del pájaro,

siempre rugidos del oso buscando un desquiciado madroño,

o los gatos negros de tristeza callejera maullando

por el recuerdo musulmán de sus ancestros.

Una entelequia oír nada más que el relinchar

de los caballos trotando a motor,

a veces las culpas de un conductor vertiendo insultos.

Caminando por calles despreciadas

se siente el peso de la memoria maldita,

el olvido gritando sarcasmos a su propia fealdad,

fuentes sin agua, farolas sin luz, cierres cerrados,

ratas entre basura mendigando la compañía

de quien alquila sus esquinas a precio de saldo.

Caminando por calles más anchas,

el ladrillo es tan alto como la nostalgia,

escucho a quien no se entiende porque habla otro idioma,

inglés, francés, chino o el que se le antoja,

cosmopolita encuentro en mitad del mundo,

arcoiris bajo un sol que llena todo de color.

En estas calles las personas corren de un lado a otro, siempre;

creo, sinceramente, que en realidad no saben a donde van.

Los hombres se asemejan a un padrino de bodas,

las mujeres parecen fruto de alguna corporación dermoestética;

ambos son marionetas conducidas por lo profundo del agujero de sus bolsillos.

Sigo caminando, y caminando me Retiro junto a árboles centenarios,

huelo las nubes de lluvia ácida, bella fragancia;

remo en el lago de la ignorancia leyendo a Marías,

sentado en un banco al pie de los cristales rotos de Palacio;

Palacio de Cristal, ¡cuánta ironía en tres palabras!

Más allá el Ángel Caído, el demonio, nuestros demonios,

Atocha, sangre bombeada, diabólica amnesia.

Caminando hago camino por calles vetustas,

por teatros reales y artes descomunales,

por la viva historia de nuestros muertos,

Plaza Mayor, Puerta del Sol, Callao, Gran Vía

y recónditos lugares de amistad y cerveza,

de típicas bravas y bocatas de calamares,

de almas invisibles y universos tradicionales.

Las pisadas te llevan al Palacio Real,

a la moderna Almudena que hay por catedral,

al faraónico regalo, Templo de Debob,

a las orillas del río donde todo surgió,

las turbias aguas que mil guerras han visto ahogarse

en los profundos cimientos de una urbe con hambre,

defendida por sus gentes contra sus enemigos,

contra Regímenes, miedos, invasiones y enjambres.

Caminando por calles de franqueza y verdad,

se hace visible a los ojos la realidad.

Magerit, profunda y hermosa,

gigante y voluptuosa, mi ciudad.


Saludos 🙂

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8 comentarios en “Magerit

  1. Me encanta ese Madrid visto con ojos de poeta y narrado con corazón de madrileño.
    Un saludo desde la capital más bonita del mundo y besos de una madrileña orgullosa de su ciudad natal!!😊🐻🌳

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