No se oye un alma

La brisa

se pega en mis párpados

agazapados

en la oscuridad

de una noche purulenta.

La luna se esconde

tras los nubarrones

de un día caluroso.

Ceno sin hambre,

bebo sin sed,

ando sin sueño,

sueño despierto.

Muevo los dedos

para teclear

una versión

caduca de mi inmoralidad.

Me como una uña,

me como las palabras,

me juego un apalabrados

con la mujer invisible.

Me rió de un chiste

que nadie ha contado,

me afeito las vergüenzas

sin espuma de cerveza.

Me voy al baño a dejar salir

mi yo interior.

Dejo de escribir

en papel higiénico

con el bolígrafo gastado.

Me lavo los dientes

con una escobilla.

Cierro el ordenador

y me voy a pasear con mi perro.

No se oye un alma,

ni siquiera la mía,

se ve que la tengo

bien entrenada…

Captura de pantalla 2016-08-03 a las 22.43.59
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