Anti estrés…

Yo no estoy estresado (stressed out), pero siempre hay quien lo está. Pongamos, pues, un poco de música al ambiente, sobre todo música interesante. Me gusta está canción, mucho, por su juego de voces, acordes, silencios y melodías, así como parte de su letra (el principio pega mucho conmigo). Es curioso que una canción que se llama Stressed Out me resulte muy antiestresante…

Buen y feliz sábado 🙂

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Agradecimiento

Agradecer a los amigos y a los enemigos, a los buenos y a los malos, a los conocidos y a los desconocidos, siempre un agradecimiento engrandece el alma.

Hoy alcanza especial relevancia y trascendencia agradecer a quien me ha agradecido mi libro. Como algunos sabéis, Agua seca y sal está ambientado en una pequeña zona de Cantabria, Ribamontán al Mar, y ha sido el alcalde de dicho municipio el que me ha enviado una carta dando las gracias por el libro que he escrito: Lectura gratificante y gran ambientación.

La carta me ha alegrado especialmente, por ello la comparto con vosotros.

CartaAlcaldeRibamontánAlMar

Lo gratificante de verdad es que tanta gente buena te apoye, por lo que no puedo más que hacer extensivo mi agradecimiento a todos y cada uno de vosotros.

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GRACIAS 🙂

Mi libro en Amazon/My book on Amazon

Por fin!!!!! Mi libro está disponible en Amazon, tanto en formato e-book como en formato papel. Es un paso más en este camino y sueño literario y, por supuesto, estoy muy contento por ello.

YES!!!!! My book is available on Amazon, both in e-book and on paper format. It is another step in this literary path and dream and, of course, I am very happy about that.

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https://www.amazon.es/Agua-seca-Juan-Antonio-Fernández-ebook/dp/B01I77TDFA/

Gracias siempre por vuestro apoyo 🙂

Disfraces

Desde que me puse el disfraz de escritor

la gente me escribe sonrisas

y miradas de aprecio.

Como en la canción, disfrazado,

con un libro bajo el brazo,

parezco alguien

para quien nunca lo he sido.

Ahora hay quien se para y me habla

cuando antes sólo hablaba a mis espaldas.

Hay disfraces así,

que nos otorgan valor

ante las gentes devaluadas.

Hay disfraces así,

disfraces que no son disfraces,

disfraces de nosotros mismos,

disfraces que nos quitan

nuestro verdadero disfraz…

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Cuando me acuesto…

Me levanto y me acuesto,

todos los días oscuros,

todas las noches claras,

todas las mañanas soñadas,

todas las tardes lluviosas.

Me levanto dormido,

con los párpados negros,

con una lágrima en el cielo,

con sequedad en las manos.

Me acuesto despierto,

con más negrura en el cuerpo,

con más lágrimas en el suelo,

con un desierto en los pies.

Me levanto cuando me acuesto,

sin ti, en la penumbra,

me levanto y… me voy

con mis sueños,

sin tu realidad,

esa que sólo existe

en mis pesadillas,

esa que sólo veo

cuando me acuesto…

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Gracias a todos

Tenía pendiente antes de vacaciones agradecer la acogida y los comentarios sobre mi novela, en especial la reseña vertida por P. L. Soriano, la cual habla tan bien de Agua seca y sal que reconozco me hace sentir algo abrumado. Yo no soy muy dado a los halagos, no me gustan porque nunca creo merecerlos, pero que valoren positivamente tu esfuerzo provoca una bonita sensación de trabajo bien hecho. Vamos, que se siente uno muy bien!!!! Así que gracias.

Dado que esta mañana me he enterado que hoy es en España el “Día del perro”, pues aprovecho para extender mi agradecimiento a quien siempre me acompaña y está a mi lado sea cual sea la circunstancia, mi perrita Jara. Un abrazo grande, pequeña!!!!

Jaraguaseca1

Jara2

GRACIAS!!!!!

Puertas del invierno

A veces toca abrir

las puertas del invierno,

las puertas del frío,

de la desmemoria,

del adiós;

el corazón tarda en

congelarse

ante el dolor

de la pérdida

de los abrazos

nunca dados.

No hay peor abrazo

que el que esperabas dar

y ya nunca vas a dar,

un abrazo vagabundo

entre las corrientes

de un aire irrespirable.

No quiero respirar ese aire

y rebusco en los rincones,

también allí donde nunca miro;

pero no sé,

me puede la ignorancia,

dónde he puesto las llaves

que cierran

las puertas del invierno…

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El renacer de una literatura olvidada (The rebirth of the forgotten literature)

Me voy de vacaciones, pero antes de irme me gustaría compartir con vosotros un email que me ha enviado un conocido. El mail versa sobre una crítica, reseña, comentario, o como queráis llamarlo, sobre mi novela Agua seca y sal. Lo ha titulado: El renacer de la literatura olvidada, y ya sólo el título me honra muchísimo.

Deciros que he estado intentando traducirlo, aunque debo pedir perdón a todos los que de verdad saben inglés. Yo sólo sé lo justo como para no pasar hambre. No obstante, con mi atrevimiento habitual, adjunto también la traducción.

Espero que os resulte interesante.

Un abrazo a todos.


EL RENACER DE LA LITERATURA OLVIDADA

Agua seca y sal

La tradición novelística española, aunque pase de moda o se vea relegada a un plano secundario a causa de los caminos marcados por la modernidad, resiste siempre en el subconsciente del verdadero amante de la Literatura de nuestro país, ese amante que percibe con tristeza cómo su amada se está yendo, lentamente, de su lado para no volver. Por eso sorprende que, cuando uno ya no espera más que un ‘Adiós’, su amada Literatura permanezca con él; y sorprende, sobre todo, que quien la haga permanecer a nuestro lado sea un escritor joven: J. A. Peña Fdez. A este respecto, por favor, que nadie me malinterprete. No es que no existan algunos -muy pocos, todo hay que decirlo- escritores jóvenes de calidad indudable, pero suelen vivir anclados en las modas y las perversiones de un mercado literario actual dominado por el acuciante sonido de las monedas y las voces que gritan: «¡Hay que vender! Lo demás no importa…».

Esa es, sin duda alguna, la principal virtud de Agua seca y sal: Ser un ‘rara avis’, estar ‘fuera de lugar’, no tener aparente sentido dentro del mundo literario en el que estamos inmersos. Esto provoca que el lector, al zambullirse en las páginas de Agua seca y sal, alcance una sensación que sólo algunas novelas muy privilegiadas logran, esa sensación de importarle muy poco, más bien nada, al escritor. No hay en toda la novela ninguna escena que busque congraciar al escritor con el lector, o que busque el aplauso fácil, como en tantas y tantas obras de ahora. Todo lo contrario, el lector percibe perfectamente que el escritor ha escrito lo que le ha dado la gana escribir, y tal circunstancia, tal inusual valentía, impregna la obra de un aroma a libertad altamente perturbador y enriquecedor para quienes nos ponemos delante de sus líneas.

Técnicamente, hay poco que objetar. El uso del lenguaje que realiza J. A. Peña Fdez. es el correcto, añadiendo formas dialectales que dotan al escrito de ambientación y verosimilitud. La novela, en ese sentido, no resulta falsa; ni tampoco agobiante, pues dichos recursos dialectales son utilizados en su medida justa, ni más ni menos. La manera en la que se va desarrollando el tema también es correcta. Todo se encuentra adecuadamente medido. J. A. Peña Fdez. no se extiende en lo que no merece extensión; sin embargo, aquello que requiere de una narración más extensa y puntillosa, J. A. Peña Fdez. lo narra con el suficiente detalle. Por otra parte, el ritmo narrativo es perfecto, contrarrestando los momentos más pausados con otros de mayor ‘eléctricidad’. Para ello, el recurso usado -con gran maestría, por cierto- por el autor es el humor, que resulta un contrapunto inmejorable, y muy necesario, a algunas escenas de enorme dureza.

No obstante, merece hacerse hincapié, por su especial relevancia, en dos aspectos en particular. Primero, el sujeto escogido. J. A. Peña Fdez. demuestra gran inteligencia al elegir la primera-tercera persona que constituye ‘El Escritor’ porque coloca al lector en una posición más cercana a la perspectiva, posición que facilita que el lector incremente su empatía tanto con el personaje como con la historia. Sin duda, una brillante elección. Segundo, la concepción narrativa, lo que el autor denomina «ficción no ficticia». Las historias son activas, se mueven, y resulta difícil pensar que se puede contar una historia a través de elementos ‘pasivos’, inmóviles, más si cabe cuando leídos otros textos que los incluyen -de autores consagrados como Eduardo Mendoza o Kirmen Uribe, entre otros-, dichos elementos suelen quedarse en un mero acompañamiento de la historia principal, pero J. A. Peña Fdez. enseña que tales elementos pueden incorporarse al texto como una parte fundamental; sin ellos no hay historia en Agua seca y sal, y eso imprime un carácter único a la narración y, por tanto, a toda la novela. Además, la conjunción de estos elementos ‘pasivos’ con aquellos ‘activos’ es sobresaliente, sin afectación al ritmo o a la integridad del texto. J. A. Peña Fdez. sabe lo que quiere lograr de tan intrépido formato narrativo, y lo logra.

Donde esta novela nos desconcierta es en la historia que ‘El Escritor’ nos cuenta sobre su viaje. El planteamiento inicial tiene un punto de extravagancia e inconsistencia que se va evaporando -la inconsistencia, la extravagancia nunca abandona la obra- con el paso de los párrafos. Ciertamente, recibir una carta sin remite ni matasellos no es muy normal, aunque, una vez leída la novela, poco en ella puede adjetivarse de normal. La carta es, en el fondo, el aviso de lo que nos espera en la novela a todos los niveles. Ese halo engañoso e impostado que el autor incorpora desde el primer momento es constante, J. A. Peña Fdez. no lo abandona en ningún instante, y el lector lo asume sin queja porque hasta las historias más reales poseen un alto grado de falsedad, si no no podría darse aquello de que: «La realidad siempre supera a la ficción».

Todo lo que nos sucede carece de razón, y nuestra vida no es más que la búsqueda de respuestas a nuestras sin-razones. En Agua seca y sal esa búsqueda provoca un viaje a los confines de un pueblo cántabro, Loredo, en plena bahía de Santander, un recorrido por sus callejas y sus gentes, por los recuerdos y las realidades de una pequeña y maravillosa zona de España. Mediante sus paseos por las veredas del pueblo y las conversaciones con los vecinos, ‘El Escritor’ va componiendo la vida y personalidad de quien le envió la carta, así como la vida y personalidad de toda una localidad y, por elevación, de toda una sociedad. Francamente, nos gustaría decir que las respuestas encontradas por ‘El Escritor’ son dulces, pero no es así. No puede dulcificarse lo que es amargo, la amarga realidad que nos rodea, el amargo recuerdo de nuestras perdidas morales, sentimentales, o el de aquéllas más tangibles. Como dice un conocido mío: «A nuestra realidad le han echado limón, y, por mucho que algunos pretendan que huela a rosas, lo que está bañado en limón ha de oler a limón». Agua seca y sal huele a limón porque a limón debe de oler, porque nuestro día a día está repleto de situaciones que requieren de bicarbonato sódico para poder ser digeridas, incluso aquellas situaciones dotadas de mayor humor dejan un extraño sinsabor que pone la piel de gallina. Así es la época en la que estamos, una época bronca en la que los valores más básicos se han pervertido, una época desleal, cínica, cobarde, insana, déspota, avariciosa, mentirosa e incrédula en la cual quienes padecen realmente la enfermedad son aquellos que están sanando a los que supuestamente se hallan enfermos. Y todo se ejemplifica en los pequeños pueblos, entre las gentes sencillas, allí donde nadie cree que ocurre nada y, sin embargo, ocurre todo, y ocurre de forma más terrorífica y sobrecogedora que en ningún otro lugar.

La novela no es pesimista, es realista, igual de realista que confirmar las condiciones de gran novelista de J. A. Peña Fdez. Es muy complejo encajar todas las piezas antes comentadas y que se mantenga el atractivo y la ortodoxia. El autor es hábil en la presentación, distribución y concreción de los hechos, y sólo una vez acabada y reposada la novela puede apreciarse sin histrionismo ni aspereza. He oído decir que Agua seca y sal es demasiado oscura; quizá sí, pero,  y más contando con que se trata del debut de su autor, no por ello deja de ser una muy buena manifestación de novela y de novelista.

Signed. P. L. Soriano*

(Crítico Literario, Editor)

*Este nombre es un seudónimo.


THE REBIRTH OF THE FORGOTTEN LITERATURE

Dry water and salt

The Spanish novelistic tradition, although it is out of fad or it is relegated to a secondary role because of the paths stablished by modernity, always resists in the subconscious of the true lover of the Literature of our country, that lover who perceives sadly how his beloved is going away slowly of his side to never return with him. It seems surprising that when one no longer wait more than a ‘Goodbye’, his beloved Literature stays with him; and it is surprising, above all, that who does that it stays with us is a young writer: J. A. Peña Fdez. In this regard, please, don’t get me wrong. There are some -very few, it must be said- young writers of undoubted quality, but often live anchored in fads and literary perversions of a current pressing market dominated by the sound of the coins and the voices shouting: “We have to sell! Nothing else matters…”.

That is, without any doubt, the main virtue of Dry water and salt: Being a ‘rara avis’, being ‘out of place’, having no apparent sense in the literary world in which we are immersed. This causes that the reader, when he dives into the pages of Dry water and salt, reaches a feeling that only some very privileged novels achieve, that incredible feeling of: ‘I matter too little, rather nothing, to the writer’. There is no scene throughout novel that looks for ingratiate the writer with the reader, or that seeks an easy applause, as in so many books of now. On the contrary, the reader perceives perfectly that the writer has written what he pleased to write, and such a circumstance, such unusual courage, permeates the work of a highly disturbing and rewarding scent of freedom for those who put themselves in front of its lines.

Technically, there is little to object. The use of language that J. A. Peña Fdez. makes is correct, adding dialectal forms that give atmosphere and verisimilitude to the writing. The novel, in that sense, is not false; nor opressive, because these dialectal resources are used in the right measure, neither more nor less. The way in which the theme is developed is also correct. Everything is properly measured. J. A. Peña Fdez. does not extend in that which does not deserve extension; however, that which requires a more extensive and punctilious narrative, J. A. Peña Fdez. narrates it with the sufficient detail. Moreover, the narrative rhythm is perfect, counterbalancing the more leisurely moments with others that contains higher ‘electricity’. To do this, the resource used -with great skill, by the way- by the author is the humor, which is an excellent counterpoint, and much needed, to some scenes of great hardness.

However, they should be emphasized, for their special importance, two aspects in particular. First, the chosen subject. J. A. Peña Fdez. shows great intelligence in choosing the first-third person who is ‘The Writer’ because it puts the reader in a closer perspective position with the story, which enables that the reader increases his empathy with both the character and the story. Undoubtedly, a brilliant choice. Second, the narrative conception, what the author calls “non fiction fiction.” The stories are active, they move, and it is difficult to think you can tell a story through ‘passive’ elements, more when in other texts that include them -of established authors as Eduardo Mendoza or Kirmen Uribe, among others-, such elements tend to stay in a mere accompaniment of the main story, but J. A. Peña Fdez. shows that such ‘passive’ elements can be incorporated into the text as a fundamental part; without them there is no story in Dry water and salt, and it prints a nature of ‘unique’ to the narrative and, therefore, to the whole novel. In addition, the combination of those ‘passive’ elements with those which are ‘active’ is outstanding, without affecting to the rate or the integrity of the text. J. A. Peña Fdez. knows what he want to achieve of such intrepid narrative format, and he succeeds.

This novel disconcerts us in the story that ‘The writer’ tells us about his trip. The initial approach has a point of extravagance and inconsistency that evaporates -the inconsistency, the extravagance never leaves the book- with the curse of paragraphs. Certainly, receive a letter with any return address and any postmark is not normal, though, after reading the novel, nothing inside it can be called ‘normal’. The letter is, at bottom, the notice of what awaits us at all levels in the novel. That misleading and projected halo that the author incorporates from the outset is constant, J. A. Peña Fdez. does not leave it at any moment, and the reader assumes it without any complaint because even the true stories have a high degree of falsity, if not it couldn’t be say that: “Reality is always stranger than fiction”.

Everything that happens to us has no reason, and our life is nothing but the search for answers to our non-reasons. In Dry water and salt, that search leads to a trip to the confines of a Cantabrian village, Loredo, in the Bay of Santander, a tour for its streets and for its people, for the memories and the realities of a small and wonderful area of Spain. Through his walks through the paths of the town and the conversations with the neighbors, ‘The writer’ composes the life and personality of who sent him the letter as well as the life and personality of a whole town and, by elevation, of a whole society. Honestly, we would like to say that the answers found by ‘The Writer’ are sweet, but they are not. You can not dulcify what is bitter, the bitter reality that surrounds us, the bitter memory of our moral losses, sentimental losses, or of those which are more tangible. As an acquaintance of mine says, “In our reality they would have thrown lemon, and, much as some people pretend that it smacks of roses, which is bathed in lemon has to smell like lemon”. Dry water and salt smells like lemon because it must smell like it, because our daily life is full of situations that they require sodium bicarbonate to be digested, even those situations equipped with of greater mood leave us a strange bad taste that puts us goosebumps. This is the time in which we are, a fight era in which the most basic values have been perverted, an unfair, cynical, cowardly, insane, despot, greedy, deceitful and faithless time in which those who really have the disease are those who are supposedly healing people who are sick. And all is exemplified in small towns, among ordinary people, where no one believes that anything happens and, nevertheless, everything happens, and it happens in a more terrifying and overwhelming way than anywhere else.

The novel is not pessimistic, is realistic, as realistic as to confirm the conditions of great novelist of J. A. Fdez Peña. It is very complex to fit all the pieces mentioned before and to keep the attractive and the orthodoxy. The author is skilled in the presentation, distribution and realization of the facts, and only once the novel is finished and reposed it can be seen without histrionics or roughness. I’ve heard that Dry water and salt is too dark; maybe yes, but, and more counting on that it is the debut of its author, it doesn’t leave of being a very good demonstration of novel and novelist.

Signed. P. L. Soriano*

(Literary Criticism, Publisher)

*This name is a pseudonym.