Ese inesperado silencio…

“A veces guardo la mente escondida en un rincón de una gota de agua.

En ese momento nunca grito; llueva o no, sólo dejo pasar en silencio las nubes”.

Pues sí, es cierto, así soy. Si esperas que te grite, sigue esperando…

Silence and screams

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Una historia en dos palabras

De entre los muchos buenos, hay un amigo malévolo -de todo ha de haber- que ayer me retó, no sin malicia, a escribir una historia en dos palabras. «A ver, Juan A., con tus dotes de escritor, ¿a que no puedes escribir una historia en sólo dos palabras?». Yo, no sé si pleno de lucidez o de insensatez -dejo a vuestro juicio cuál de ambas me invadía-, le respondí: «¡Hombre!, al igual que pasa con la vida, los escritores tendemos a complicar lo que es sencillo. Tal es así, que puedo escribirte la historia de la vida, de la tuya, de la mía, de cualquier vida, en sólo dos palabras…». Escribí:

“Hola… … …

… … …Adiós”.

«Lo que vaya escrito entre medias de esas dos palabras, depende de nosotros», añadí. Él se quedó callado, supongo que pensando en qué clase de vida quiere escribir entre esas dos palabras…

Die and live forever

*Aprovecho para retaros a todos a contar una historia en dos palabras. A ver qué se os ocurre.

Perfectas imperfecciones

Las perfectas imperfecciones de nuestra vida son muchas, y la hacen tan perfecta como imperfecta…

El peinado ecléctico de las mañanas,

las arrugas de la ropa y de la cara,

la sonrisa del espejo ante tu despertar.

El primer agua, siempre fría, de la ducha,

el jabón que entra en el ojo a fastidiar,

la colonia que no vuelve a su lugar.

Ese polvo quemado en la tostada,

la mermelada que acaba de caducar,

el café que tardas un minuto en calentar.

El reloj que suena rápido su “tic-tac”,

la comida rancia que llevas a trabajar,

las llaves imposibles de encontrar.

El autobús que resguarda tus bostezos,

los golpes que te da la multitud,

esa última carrera antes de entrar.

El ordenador que deprime tu mirada,

la pila de papeles a entregar,

el compañero que no puedes soportar.

La sonrisa que se rompe con las horas,

el tedio que denota tu apariencia,

el cansancio que se empieza a acrecentar.

Los ojos enrojecidos por la pantalla,

el culo sentado que no para de sudar,

la cabeza que te empieza a molestar.

El “me voy” que recupera tu alegría,

el “hasta mañana” que te vuelve a castigar,

las escaleras que de nuevo subirás.

Otro autobús que te devuelve para casa,

el sonido vespertino de la ciudad,

el sol que se empieza a recostar.

La llave que no entra en la ranura,

el traje y los zapatos a sobrar,

el silencio imperceptible del hogar.

El suspiro de tu alma en el sofá,

comprar, planchar, lavar y cocinar,

el aire que no puedes respirar.

La tele que arrulla tu fatiga,

las llamadas que no quieres aceptar,

la cena que no puedes ni tragar.

La cama que no hiciste por las prisas,

el despertador que vuelves a conectar,

ese futuro mañana… en el que todo volverá a empezar.

To be real

A ti, gracias.

Con esto de las Redes Sociales me pasa que sé de mucha gente que no conozco, incluso conozco a mucha gente de la que no sé nada. Me ocurre que hablo con personas a quienes no pongo cara, y que mi cara se estremece con personas con quienes ni siquiera hablo. También me sucede que respondo a sujetos que no esperan respuesta, y que guardo silencio ante sujetos que aguardan mi voz. No sé si tú, que estás entre ellos, me recuerdas; yo, a ti, sí…

Te veo al otro lado de este cristal,

ininteligible y abstracto,

te veo respirar y yo respiro contigo,

te veo caminar y yo camino contigo,

te veo sonreír y yo sonrío contigo,

te veo ir y yo me voy contigo, imaginándote,

porque nunca he oído tu voz, pero te escucho,

porque nunca te he tenido cerca, pero te siento,

porque estás en mí, habitando entre mis venas.

No te conozco, no sé nada de ti,

y, sin embargo, te quiero…

A todos esos que estáis ahí, alejados, separados de mí por océanos, mares, carreteras o vientos, a todos los que ni conozco ni conoceré, a todos los que deseo conocer pero decidirá la vida, a todos los que quiero sin que lo sepáis y a esos que me quieren sin que yo lo sepa, a todos los que se alegran por mí y yo me alegro por ellos, a todos vosotros, que ponéis una sonrisa en mi espíritu cada vez que contactáis conmigo, os digo: “Gracias”.

Captura de pantalla 2016-01-23 a las 15.19.58

 

 

Crecer

Me levanto y ahí está otra vez,

como siempre desde aquel día,

creciendo callada y sin pedir permiso.

Crece, como las arrugas en los espejos rotos,

como el eco de las sombras en los ojos.

Crece, como los recuerdos en la billetera,

como el ruido seco de nuestra tierra.

Crece, como el acento grave de la vagancia,

como la intangible caída de la ignorancia.

Crece, como el impreciso declive de la columna,

como el inapelable olvido de lo aprendido de alumna.

Crece, como la calvicie de las arboledas,

como la corrupción de las clases longevas.

Crece, como las incumplidas promesas del tiempo,

como las notas suicidas que nos fue dejando el viento.

Crece, como todo aquello que ya no se escucha,

como las mentiras piadosas que guardan las huchas.

Crece, como los sinsabores del estómago ajeno,

como lo que cuesta tener el depósito lleno.

Crece, como la cantidad de solitarios mal acompañados,

como las risas falsas y los chistes malos.

Crece, como la sangre y las lágrimas en los noticieros,

como el polvo invisible de los cementerios.

Crece, como la angustia inamovible de nuestra alma,

como los sobresaltos de un aparente mar en calma.

Crece, como el murmullo inherente a la responsabilidad,

como los ahogos dictados por la sociedad.

Crece callada y sin pedir permiso,

como siempre desde aquel día,

y yo, con la cuchilla en la mano,

hoy vuelvo a afeitármela…

Captura de pantalla 2016-01-20 a las 16.54.01

 

 

 

Allí

A todos nos pasa al mirar la agenda de nuestro teléfono, un objeto inanimado en un rincón,  un lugar de la ciudad, o el nombre de un libro en la estantería, a todos nos pasa porque…


Allí está quien ya no está,

ni tú ni yo,

ni ellos ni nosotros,

sólo queda un rescoldo incorpóreo

de lo que un día fueron sonrisas,

así como una lágrima ininteligible

que se desliza por las profundidades del alma.

Nunca me acuerdo de recordarte,

pero, allí, cuando te recuerdo,

me acuerdo de que ya no estás.

Nunca me acuerdo de recordarte,

pero, allí, cuando te recuerdo,

te echo de menos…


Dedicado a todos los que se han ido, incluido a aquel que hace años fui, ese al que, allí, a veces recuerdo.

Captura de pantalla 2016-01-15 a las 12.38.57

Miradas

Miradas, como la tuya y la mía, cansadas o alegres, cargadas o limpias, miradas que te hacen ver, miradas que no ven nada, miradas muertas o vivas, falsas o verdaderas, miradas a ninguna parte, miradas furtivas, simples o complejas, miradas tristes, sagaces, perdidas, miradas cómplices, miradas distintas, todas miradas, como la mía…

Miro a través de la ventana, veo el sol entre el frío.

Miro a través del espejo, veo mis ojos oscurecidos.

Miro a través de mi conciencia, veo lo desconocido.

Miro a través de tu rostro, te veo y sonrío.

Miro a través de mí mismo, veo el cielo colorido.

Miro a través del agua, veo un sueño baldío.

Miro a través del mundo, veo un corazón dolorido.

Miro a través de la vida, te veo conmigo.

Captura de pantalla 2016-01-13 a las 11.55.55

No es lo que miras, es lo que ves, porque lo que miras se olvida, mientras lo que ves se queda en el umbral de los sentimientos…