¡Silencio! Un poema…

¡Silencio!

Por quien es abogado de causas perdidas,

por el que da concesiones a cambio de mordidas.

Por el que perdió el juicio sin ser juzgado,

por quien es creyente pero vive en pecado.

Por el que tiene los sentimientos a flor de piel,

por quien llegó cornudo a la luna de miel.

Por el cura que reparte hostias sagradas,

por la cristiana que a misa jamás llevó bragas.

¡Silencio!

Por el que camina obligado al no tener coche,

por el que duerme de día y despierta de noche.

Por aquel perfumado de insana fragancia,

por el que se ríe de lo que no tiene gracia.

Por el gitano que vive del cartón y el cobre,

por el político que no para de recibir sobres.

Por quien va llorando por los rincones,

por el amable que pincha todos los condones.

¡Silencio!

Por a quien en el pasado persiguieron los grises,

por el cotilla que se sabe todos tus deslices.

Por aquel que no lee ni siquiera el diario,

por quien no lo sabe pero es extraordinario.

Por el mamón temerario que conduce borracho,

por el que presume de ligues creyendo que es macho.

Por todas las lámparas que nacieron sin genio,

por aquel que se esfuerza y no obtiene premio.

¡Silencio!

Por el que no fue invitado y acudió a la fiesta,

por ese que baila sin necesitar orquesta.

Por el que se hallaba perdido y se encontró con acierto,

por todo aquel que sueña despierto.

Por quien perdió de un plumazo a quien más quería,

por el que llora por cualquier tontería.

Por aquel que se ahoga en un vaso de agua,

por quien pasó larga vida herrando en la fragua.

¡Silencio!

Por quien nunca acierta en la taza del váter,

por quien no tuvo joven ningún alma máter.

Por quien pasa la vida metido en el trullo,

por pensar de quien manda lo que le sale del capullo.

Por el ciego que ve lo que nunca se ha visto,

por el poli corrupto que se pasa de listo.

Por quien tuvo salud y hoy es un muerto viviente,

por a quien Dios dio pan pero no tiene dientes.

¡Silencio!

Por quien metió la polla donde tenía la olla,

por al que de hacerse mil pajas le ha salido molla.

Por el cabrón hijoputa que maltrata animales,

a quien cortaría yo mismo los genitales.

Por el que fue a combatir a la legión extranjera

y un día volvió sin saber bien quien era.

Por el muchacho educado, pueblerino o urbano,

que hoy ve un buen futuro muy muy lejano.

¡Silencio!

Por quien sufre callado las hemorroides,

por todos los deportistas puestos de esteroides.

Por el mudo que habla cuando nadie lo escucha,

por esos que cantan cuando están en la ducha.

Por el que se acuesta con niños y meado se levanta,

por al que le da igual por el culo que por la garganta.

Por el vecino que siempre te toca los huevos,

sí, ése, el que todos tenemos.

¡Silencio!

Por el rey sin Corinna, perdón, sin corona,

por todos los tontos que hay por mi zona.

Por quien cree que lo caro sale barato,

que se lo diga a los preferentistas de Rodrigo Rato.

Por quien mira la vida con gran desparpajo,

por al que de tanto… ya le pican los bajos.

Por el avaricioso banquero que no pasa hambre,

por el desahuciado que duerme en el parque.

¡Silencio!

Por la gente que nos saca de nuestras casillas,

por la puta de esquina que transmite ladillas.

Por ese pene plomizo de amor primerizo,

por el que nunca paga lo mal que lo hizo.

Por aquellos a los que todo se la trae floja,

por ese amigo pardillo que hace tiempo no moja.

Por un país maravilloso dominado por memos,

no, no voy a hacer rima con Podemos.

¡Silencio!

Por todo aquel que se ríe del mal ajeno,

por los tristes que usan calzón con relleno.

Por las esposas y esposos que no se dan cuenta

que un día ya no podrán entrar por esa puerta.

Por el que se tira pedos tras fabada asturiana,

por quien no pasa por casa cuando es fin de semana.

Por el niño que no pudo ir al colegio,

por aquel que derrochó tal privilegio.

¡Silencio!

Por el fumador pasivo de tabaco puro,

por quien está mentalmente en un lugar muy oscuro.

Por los que están mejor solos que acompañados,

por quien en su casa se siente ultrajado.

Por el alcalde de turno que roba a manos llenas,

por el parado que no tiene ni para la cena.

Por quien ahoga sus penas en una copa de vino,

por el que gracias a Dios encontró su camino.

¡Silencio!

Por quien se cagó en mí y lo hizo tantas veces,

por el que hace ya años que dio de comer a los peces.

Por quien estuvo algún tiempo cerca de la muerte,

por a quien lo cortés no le quitó lo valiente.

Por aquel compañero que pusieron de jefe,

y que todos sabían que era un mequetrefe.

Por el incrédulo ése que se hizo soldado,

por el reaccionario cobarde del “ordeno y mando”.

¡Silencio!

Por quien se compró un piso y no puede venderlo,

por ese que ni a tiros consigue entenderlo.

Por el animal libre al que nadie da caza,

por el pesado que siempre tiene que meter baza.

Por el que está de este mundo hasta los cojones,

por quien te hace mil pifias y quiere que lo perdones.

Por todo aquel que se ha hecho vegetariano,

por el que no es gay y también le dan por el…

¡Silencio!

Por el que se esconde tras mil y un ungüentos,

por aquel que te viene con cientos de cuentos.

Por el olvidado de Guerra que cayó en Cartagena,

por quien no da la talla en plena faena.

Por ese que nunca sale de su escondrijo,

por el que tiene un vicio casi enfermizo.

Por aquel que te ha dado siempre mal fario,

por el esclavo confeso de un empleo precario.

¡Silencio!

Por el médico harto de atender impacientes,

por el tendero del barrio que perdió sus clientes.

Por a quien todo lo que haces le sabe a poco,

por los niños nerviosos que se comen los mocos.

Por el genio que guardas en la botella,

por el regalo que nunca le hiciste a ella.

Por aquel solitario que no roba sucursales,

por a quien se le ven en los ojos todos sus males.

¡Silencio!

Por el niño prodigio dictador en ciernes,

por los desparecidos jueves y viernes.

Por el chocolate con churros, o con porras,

por la que va de buena y luego es la más zo…

Por el que promete en enero que dejará de fumar,

pero alma de cántaro, ¡tú a quien vas a engañar!

Por ti, sí, y por todos tus compañeros,

por mí, y por todos a los que quiero.

¡Silencio!…

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6 comentarios en “¡Silencio! Un poema…

  1. Abuita

    Creo que no falta nadie que no se sienta identificado con algún verso de tu poema. Todo tipo de gente, todo tipo de sentimientos, de formas de vida, de deformaciones de conductas…..
    Para no ser poeta (como dices en otro de tus posts) has aprendido rápido…..
    Enhorabuena!! sencillamente me ha encantado y sorprendido muy gratamente.
    Nunca vivas en “silencio”, habla siempre con tu escritura…..todos te lo agradeceremos!!.

    1. No soy poeta, soy observador de la vida y de lo que me rodea. Ya sea en prosa o en verso, la denuncia social es la principal razón de que sea escritor, y me lleva a escribir estas rimas y otras cuantas historias.

      El silencio no es una opción… 🙂

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