Corazones de tiza

En aquel callejón fugaz e incorpóreo en el que te encontré no queda más que mugre, basura y un corazón pintado con tiza. El corazón es blanco, tiene partes borradas, pero todavía se percibe perfectamente su silueta. Está atravesado por algo parecido a una flecha; no es una flecha. «Atravesado por una flecha, el corazón dejaría de latir. ¡Qué crueldad!», pensé. Así que pinté la manecilla de un reloj. «A los corazones sólo les atraviesa el tiempo».

Hacía ya mucho tiempo que no atravesaba este callejón efímero e inmaterial, todo ese tiempo que atraviesa corazones y les hace dejar de latir. Si he venido hasta aquí, hoy, es porque he de olvidar recordar aquello que un día recordé olvidar: una mirada, una sonrisa, una boca, un olor, una voz. Me agacho delante de aquel corazón blanco y saco de mi bolsillo dos tizas; con la azul, la de tu mirada, pinto el contorno del corazón, repaso para que no se vea lo blanco, aprieto con fuerza; con la roja, la de tu sonrisa, pinto la manecilla que lo atraviesa, también repaso para que no se vea lo blanco y aprieto con fuerza. La mugre y la basura no las retiro, ¿para qué?, siempre va a haber mugre y basura.

Hoy, en este callejón pasajero y etéreo, pinto de colores un corazón atravesado por el tiempo…

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La literatura y las lonjas

Me pregunta un amigo: “Juan, ¿alguna reflexión sobre la literatura española actual?”. Yo, como no sabía qué decirle, le dije la verdad -las personas libres podemos hacerlo-:

«La literatura española, la mundial no lo sé, es como una lonja. Todas las mañanas los pescadores -autores- presentan su pesca -libros- a los pescaderos -editoriales-. Como el atún está de moda y le gusta a los pescaderos, el 80 por ciento de los pescadores, tanto los más viejos como los más nuevos, pesca atún. Los pescaderos compran atún porque saben que es bien recibido por el cliente final y que lo pueden vender, pero ha llegado un punto en que, de tanto comer atún, el cliente final está empachado, y, aunque se sigue vendiendo, cada vez se vende menos atún. Como el atún se sigue vendiendo pero cada vez menos, lo que hacen los pescaderos es comprarle el atún a los pescadores que tienen fama, o que tienen nombre, aunque su atún sea mil veces peor que el de los pescadores más novatos, incluso aunque sepa a rayos o esté poco fresco, porque los pescaderos saben que con esa fama es más fácil que se venda; por todo ello, los pescadores nuevos quedan relegados. Y aún es peor si estás dentro del 20 por ciento de pescadores que decide no pescar atún, sino otros pescados más diferentes o exóticos, porque la mayoría de pescaderos no te comprará el producto. Y ya, el colmo es si eres pescador nuevo y lo que pescas es algo exótico y diferente al atún; en este último caso, no existes, ni siquiera te consideran, y es casi imposible vender tu pescado, y lo que se termina haciendo es salir de la lonja y buscar mercados alternativos donde poder vender el  pescado, o, si no, se termina tirando el pescado a la basura, a veces cuando ya se ha podrido, otras cuando aún continua fresco.

Para colmo, como la “pesca” es un sector muy importante, ante el descenso de las venta de atún, los pescaderos presionan al gobierno para que les dé dinero y así poder seguir ofreciendo más y más atún al cliente final”».

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LONJA. Venta de pescado.

Quizá el ejemplo de la lonja es algo burdo, pero a mí modo de entender se asemeja al mercado Editorial más de lo que parece. En primer lugar, porque la lonja vende alimento, lo mismo que las Editoriales, que venden -o deberían vender, porque algunas no lo hacen- alimento para el alma. En segundo lugar, porque los dos mercados huelen muy mal; las lonjas, porque el pescado es el pescado y no tiene un olor muy agradable; las Editoriales, porque la vagancia y la falta de valentía de autores y editores ha hecho que se reconcentre el mal olor entre las hojas de los libros editados.

No obstante, aún quedamos algunos que amamos mucho lo que hacemos y queremos cambiar las cosas. Yo, como escritor, estoy dispuesto y comprometido a hacerlo. Mi obra, Agua seca y sal, que estará a final de año en el mercado, es el ejemplo perfecto de cómo se pueden hacer cosas distintas y nuevas, y ni se tiene que pescar siempre lo mismo, ni se tiene que consumir siempre el mismo pescado literario. Ya os contaré más de ella, de lo que supone, de lo que pretendo, de lo que concibo, de lo que implica, de lo que trata, y lo haré en los próximos días.

Entre todos nosotros, valientes creadores, vamos a hacer algo grande…