El perro del dueño

A menudo me gusta dejaros historias que sacudan conciencias y lleven, de algún modo, a reflexionar a quien las lee. Ésta es de ésas. Espero que os haga pensar…

EL PERRO DEL DUEÑO

-¿Sabe por qué está aquí? -le preguntó el policía.

-Por supuesto -contestó él, que miraba fijamente a una muesca de la madera que sobresalía del filo de la mesa.

-Ariel Torquemada ha aparecido colgado de un árbol. Estaba ahorcado con un cable metálico, completamente desnudo, le habían hecho un corte en el costado izquierdo, un corte profundo en forma de “eme” mayúscula, le dieron tal paliza que tenía partidas siete costillas y dos vértebras, la pierna derecha rota en dos mitades, por el peroné, una fractura abierta de mandíbula, sin cuatro dientes, esos dientes estaban a unas decenas de metros del cuerpo, la nariz estaba reventada y le habían saltado un ojo, y la parte occipital de su cráneo estaba hundida… -el policía hizo una pausa. Él no reaccionó- Le han pegado con un palo de madera.

-¿Qué tipo de madera? -cuestionó él inquisitivamente, sin dejar de mirar fijamente la muesca de la madera que sobresalía del filo de la mesa.

-Pino. Había virutas de pino clavadas por todo el cuerpo… -suspiró el policía.

Él estiró el brazo y apretó la yema de su dedo índice contra la muesca de la madera que sobresalía de la mesa. De su dedo comenzó a brotar sangre, sangre que él llevó hacia sus labios, para después saborearla. Entonces habló:

-Hace dos semanas el perro de Ariel Torquemada, un galgo, apareció colgado de un árbol. Estaba ahorcado con un cable metálico, completamente desnudo, le habían hecho un corte en el costado izquierdo, un corte profundo en forma de “eme” mayúscula, le dieron tal paliza que tenía partidas siete costillas y dos vértebras, la pierna derecha rota en dos mitades, por el peroné, una fractura abierta de mandíbula, sin cuatro dientes, esos dientes estaban a unas decenas de metros del cuerpo, el hocico estaba reventado y le habían saltado un ojo, y la parte occipital de su cráneo estaba hundida. Le habían pegado con un palo de madera de pino porque por todo el cuerpo del perro había virutas de pino clavadas. Quien le pegó esa paliza fue Ariel Torquemada.

-¡Me está diciendo que Ariel Torquemada ha muerto por culpa de un perro!

-No, le estoy diciendo que un perro murió por culpa de Ariel Torquemada…

Él, tranquilo, muy tranquilo, mirando fijamente al policía, volvió a saborear la sangre que brotaba de su dedo.

Captura de pantalla 2015-10-26 a las 19.09.20

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