Saber leer…

A veces hay coincidencias curiosas, no se puede explicar si no que hablando de libros con un amigo aparezca el nombre de aquel que acabo de leer, ese mismo libro que ahora está leyendo mi madre gracias a mi recomendación y que, por cierto, le está gustando mucho. También es curioso que ese amigo realice un comentario negativo de dicho libro: “No entiendo ese libro. No he podido acabarlo nunca…”, cuando a mí me parece un libro difícilmente mejorable; porque Mazurca para dos muertos, del señor Camilo José Cela, es un libro inmejorable.

Yo no voy a defender a Don Camilo José Cela, me basta recordar que es al autor de La familia de Pascual Duarte… Con eso está dicho todo, el libro más perfecto jamás escrito habla por sí solo, y su autor merece respeto eterno. A uno, por mucho que le duela a sus enemigos, que el señor Cela tuvo y sigue teniendo miles, no le dan el premio Nobel así como así; ¡por algo será! ¡quizá hasta tenía talento!

El caso es que el comentario de mi amigo me hizo reflexionar sobre por qué a mí me gusta mucho el libro Mazurca para dos muertos y a otros, a muchos, no sólo no les gusta, sino que les aborrece. Entre las filias y las fobias, los gustos individuales, etc., hay algo de lo que quiero hablar y que creo que hace que muchos odien un libro como ése: La diferencia que existe entre leer y saber leer.

Leer bien.001

Hay muchos libros difíciles de leer. Unos son difíciles porque tratan temas horribles (muertes, violencias, etc.); otros son difíciles porque el autor usa palabras complejas y hay que estar revisando el diccionario cada cinco minutos; otros son difíciles porque te han dicho o has oído que el libro es bueno y cuando empiezas a leerlo te va decepcionando; otros son difíciles de leer porque directamente son horribles y no hay quien los lea; y, por último, están los libros como Mazurca para dos muertos, libros muy difíciles de leer porque el autor no sólo no facilita al lector la comprensión de lo que va a leer, sino que a cada paso que da le va poniendo más y más trabas. Este tipo de libros como el de Don Camilo no hay que leerlos, hay que saber leerlos, y aunque a día de hoy casi todo el mundo puede leer -¡gracias a Dios!-, son pocos los que realmente saben leer.

Si lees Mazurca para dos muertos encontrarás en ella situaciones y personajes aparentemente estúpidos y sin sentido alguno, enormes tonterías y bobadas, tantas y tan seguidas que perderás las ganas de seguir leyendo. En cambio, si sabes leer Mazurca para dos muertos encontrarás comentarios sagaces, metáforas desaforadas e inteligentes, descripciones irónicas, y explicaciones sutiles y perspicaces de la sociedad española de un momento concreto de nuestra historia: la Postguerra.

Pero bueno, el objetivo de escribir este post no es comentar si un libro es mejor o peor. Mi objetivo es reflexionar sobre ese “leer y escribir” que nos enseñan desde pequeños en las escuelas. Sí, nos enseñan a escribir, pero no nos enseñan cuándo dejar de escribir y acabar la frase -tan importante es lo que se escribe como lo que se deja de escribir-. Y sí, nos enseñan a leer, pero no nos enseñan a entender lo leído, y mucho menos a entender lo que no hemos leído -tan importante es lo que se ha leído como lo que no se ha leído (por omisión del autor del libro, me refiero, pues los silencios y las omisiones son numerosas y muy relevantes en cualquier escrito que se precie)-. Te dan una hoja y te dicen: “Escribe”, y tú escribes. Te dan un libro y te dicen: “Lee”, y tú lees. Claro, así pasa que años después llega el del Banco y te dice: “Firme”, y van algunos y firman…

Leer y entender.001Es cierto, dicen que lo mejor que le ha pasado al ser humano es aprender a hablar, a escribir y a leer; en una palabra: aprender a comunicarse. Yo, sin embargo, aunque en ocasiones preferiría no saber, creo que lo mejor que le ha pasado al ser humano es aprender a comprender. Porque yo sé leer y… ¿de qué me sirve leer un libro en chino si no entiendo lo que estoy leyendo? Porque yo sé escribir y… ¿de qué me sirve escribir en francés si no entiendo lo que estoy escribiendo? Porque yo sé hablar y… ¿de qué me sirve hablar en sueco si no entiendo lo que estoy diciendo? ¡Vaya! ¡Yo también puedo ser sarcástico!…

No obstante, llegados a este punto, mejor le dejo las ironías a Don Camilo, que celaba muy bien de su uso -yo no tengo tantas “entendederas”-. Eso sí, leed; y leed lo que sea, que leer es maravilloso. Yo os recomiendo la estupenda Mazurca para dos muertos -por cierto, y perdón por la expresión: vaya “huevos” hay que tener para escribir esa novela, valiente y arriesgada como pocas-, así os probáis a vosotros mismos si sólo habéis aprendido a leer, o habéis aprendido a saber leer… 😉

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7 comentarios en “Saber leer…

  1. abuita

    Pues tienes toda la razón. No todos tenemos la capacidad necesaria para comprender o asimilar todo lo que leemos.Hay obras especialmente complicadas a las que hay que dedicarlas el tiempo y la apertura de mente suficientes para poder concentrarte y disfrutar enormemente de su lectura. Ese es el caso de la maravillosa obra de Don Camilo – Mazurca para dos muertos – donde el autor consigue, no solo que tengamos que leer entre líneas sino, yo diría, “hasta leer por detrás de las líneas”. A mí me ha costado bastante, es como un sudoku nivel máximo. Ya solo el léxico impresiona, te sientes “muy chiquitito” para entenderlo pero conforme lo vas leyendo te das cuenta de la impresionante grandeza de expresión que logra el autor y sientes la enorme suerte de poder leer algo tan inteligente y lo variopinto de la infinidad de personajes tan diferentes cada uno y de los que consigues aprender la idiosincrasia tan extensa de la personalidad humana. Por cierto, se parte uno de risa, consigue que hasta el más serio suelte una carcajada cada pocas páginas, eso sí, describiendo la trágica realidad de la vida de la gente sencilla en la posguerra gallega. Una suerte que la escribiera….gracias Don Camilo..

    1. No se trata de capacidad, sino de conocimiento. La capacidad la tenemos la mayoría de los seres humanos, pero ni la utilizamos ni nos enseñan a utilizarla, y al final preferimos leer un comic que una novela como Mazurca para dos muertos…

      Una pena!!!!

  2. Muy buena tu recomendación, tu reflexión, y tu ironía ;-). Siempre he pensado en esto, en las misma situaciones: “¿cómo puede ser que a tal persona le guste tanto algo que a mí no?”, y viceversa. Mucho más cuando de literatura se trata. El saber leer es también aprendizaje. Como bien dices, eso no te lo enseñan desde pequeño (la comprensión va más allá de la lectura; más bien es la pulcra empatía con el autor).
    El ejemplo más claro que tengo para comentar es que como argentina, tuve que “aguantar” a Borges desde que tengo uso de razón. Y todos sabemos quién fue, es, y será Borges, ¿verdad? Pues sólo cuando aprendí a leer, supe quién fue, es y será.
    Sin embargo, me permito también la posibilidad de pensar y creer que no todos escribimos para todos. Hoy que comprendo a este Maestro, por poner un ejemplo, sigo sintiendo y sosteniendo que no escribió nunca para mí. Aún comprendiéndolo y admirándolo como humilde lectora y escritora. Y estoy muy segura, que yo tampoco escribo ni escribiré para todos. Pero sí me adhiero a tu afirmación: una cosa es leer, y otra diferente es saber leer. Y en esta vida todo es aprendizaje. ¿Habrá interés realmente de aprender?
    Muy buena tu reflexión. 🙂
    ¡Saludos!

    1. Gracias. Me ha encantado tu comentario.

      Al igual que vosotros con Borges, nosotros “sufrimos” esa situación aquí con varios autores. Uno de ellos es Camilo José Cela. Yo entiendo que no hay otra manera de conocer a los autores que leyéndolos, obviamente, pero un niño de catorce años no puede entender un libro como “La familia de Pascual Duarte” ni aunque se lo expliques (si no se le explica, aún menos). Con esa edad leí esa obra, en el colegio, y no comprendí su grandeza, no comprendí la obra hasta que no aprendí a leer. Porque si hay alguien difícil, muy difícil, dificilísimo, casi imposible, ése es Camilo José Cela. Y ahora, a mis años, reconozco que es un genio, algo que cuando le leí por primera vez ni me lo planteaba (sólo era una tarea en el colegio; ahora es una referencia para aprender a escribir).

      Y “Mazurca para dos muertos” es aún peor. Es el libro más complejo que yo me he encontrado nunca.

      Efectivamente, yo tampoco creo que escribimos para todos… aunque queramos hacerlo!!!! Además, es bueno comprender eso como autor: Así te evitas muchas frustraciones cuando recibes críticas. Siempre habrá a quien le gustes y a quien no, siempre habrá quien entienda lo que escribes y quien no…

      Por último, contestando a tu pregunta, no creo que haya, en estas generaciones que vienen, excesivas ganas de aprender. Hay quien sí, pero por norma general… me temo lo peor!!!

      Un saludo afectuoso desde España. (Muy bueno tu último relato, por cierto) 🙂

      1. Gracias por responder, y coincido plenamente con tu apreciación personal de lo que han vivido “por allá”. Es así, tal cual. Solo con la edad y con el aprendizaje uno comprende lo que antes parece incomprensible. Y no por eso a uno le tiene que gustar, por supuesto. Si mal no recuerdo, tuve que leer El Aleph a los 15… imaginarás lo que entendí a esa edad. NADA.Y en la Universidad siguió Borges taladrándome los ojos. Es el mejor ejemplo que encuentro para conocer mi propio proceso de aprendizaje.
        Y yo también me temo lo peor, jaja 😉 (de paso, tendré que leer ese libro que sugieres, no quiero morir con la intriga!)
        GRACIAS por leerme también :-). Va otro abrazo creativo desde el sur patagónico.

  3. Faltaría más que no te leyese. Es un placer!!! Además, yo soy de los que quiere seguir aprendiendo, jeje 🙂
    Si algún día lees “Mazurca para dos muertos” prepárate para tener la mente muy abierta y despierta, porque aparentemente la novela no consta más que de una sucesión de escenas y personajes estúpidos… pero la profundidad y sagacidad que esconden hace de esa obra algo descomunal.
    Si algo me maravilla de esa obra es que está escrita por un hombre que se estaba jugando el Nobel, el Príncipe de Asturias y el Cervantes, y aun así se atreve a escribir “lo que le da la gana”… Cela es un monstruo de la Literatura como ha habido muy pocos (y distinto del resto, muy distinto, único en su especie).
    Abrazos creativos desde una calurosa España. 🙂

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