Las entrevistas de trabajo…

Durante la última entrevista de trabajo que Luis había tenido le pusieron otra vez una pistola en la cabeza.

-Siempre lo hacen -va diciendo Luis a quien quiere escucharle.

Nadie le cree, salvo yo. Le creo porque sé que no tiene nada que comer y, en esas circunstancias, una pregunta es un dedo que esperas que no apriete el gatillo de la negación.

-Si fallas la respuesta una bala en forma de «No» entra por tu oído y destruye tu espíritu; si fallas no comes… Y mientras tienes la pistola en la cabeza no puede caerte sudor por la frente, ni se te puede secar la garganta, ni te puedes mover, ni puedes tartamudear. Si lo haces estás muerto… ¡Y cómo te mira el que tiene la pistola en la mano! Se siente tan poderoso que te observa como si fueses poco menos que nada. Incluso te examina, te cuestiona tu vida, tus logros, lo que eres y lo que vales… A ver la entrevista de mañana pero… ¡estoy harto! -comenta Luis con rostro evidentemente cansado y apesadumbrado-.


Durante la última entrevista de trabajo que Luis había tenido no llegaron a ponerle una pistola en la cabeza. Antes de que el entrevistador tuviese oportunidad de hacerlo Luis sacó una escopeta que escondía debajo del abrigo:

-Se la puse al entrevistador en la sien -va diciendo Luis a quien quiere escucharle.

Nadie le cree, salvo yo. Le creo porque sé que tiene mucho que perder y, en esas circunstancias, una respuesta es un dedo que no esperas que apriete el gatillo de la negación.

-Tenías que haber visto cómo le caía el sudor por la frente, cómo se le secó la garganta, cómo no paraba de moverse, cómo tartamudeaba. Ya no se sentía tan poderoso, sino poco menos que nada. Incluso le examiné, le cuestioné por su vida, por sus logros, por lo que él era y lo que valía… Y justo en aquel instante disparé en el centro de su oído. «No», le dije. «No voy a aceptar 300€ al mes por 15 horas de trabajo al día. Tú, y los que sois como tú, me dais asco. ¡Estoy harto de vosotros!»… Entonces guardé la escopeta y me fui de allí -comenta Luis con rostro evidentemente sonriente y complacido-.

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