Esa ambiciosa soberbia…

Algunos me escuchan decir que voy a ser el mejor escritor del mundo, o que voy a dar un golpe sobre la mesa del sector Literario español, y se echan a reír. “Eres un soberbio”, me dicen; y vuelven a echarse a reír. “Jajajaja”, se oye en tonalidad fuerte, risas que retumban por toda la habitación, incluso más allá, en las casas de familiares, amigos, parientes, vecinos, conocidos y desconocidos (ya sabéis que a reírse se apuntan todos; a lo de llorar ya les cuesta más…).

Pero no os creáis que ésas son risas que molestan o que hieren. No, ésas sólo son risas flácidas e inertes, risas que no duelen no porque procedan de gente insignificante para el que las recibe, sino porque proceden de gente que tiene una visión de la vida distinta a la mía. Ni mejor ni peor, simplemente distinta.

Porque en definitiva todo es cuestión del color del cristal con que se mire, o cuestión de semántica –que viene a ser lo mismo-. Lo que para unos es soberbia para mí es ambición, y la ambición es una característica básica que ha de poseer todo aquel que quiere triunfar. Por lo menos a mi modo de entender, pues yo no concibo un panadero que no entre en su horno con la idea de hacer “el mejor pan de la ciudad”, ni al reponedor de supermercado que no prepare “la mejor estantería del país”, o al camarero que no se acerque a la máquina con la intención de hacer “el mejor café de todos los tiempos”.

La mía es una visión ilusoria de lo que en realidad sucede, lo sé. La actitud de la gente ante la vida suele ser la contraria: dejadez e indolencia. Y lo peor es que cuando crees que algo es “poco para ti”, o crees que puedes “mejorar”, o piensas que eres “mucho mejor” en algo de lo que te están dejando demostrar, entonces aparece ese que se tiene a sí mismo por perdedor y te dice aquella famosa frase que todos alguna vez habremos oído: “¡Pero tú quién te crees que eres!”. A lo que después añaden: “Oye, que yo sólo te advierto, para que después no te lleves la decepción…”. ¿A que sí que habéis oído esas frases? Estoy seguro de que sí, de que ya sea que os las hayan dicho a vosotros mismos o a alguno de vuestros conocidos, las habéis oído…

Aunque también existen personas que te transmiten ánimo y que creen en ti, es más cierto que estamos rodeados de conformismo, de gente que no tiene más meta que pasar el día hasta que llegue la noche, de gente desganada que por el mero hecho de no haber triunfado ellos se cree que nadie está capacitado para hacerlo, así como de gente que un día triunfó y que ahora permanecen sentados en sus poltronas mostrándonos a todos los demás que ya les da absolutamente igual todo –para mí estos últimos son los peores-. Todos estos son los filósofos vitales que llevan por bandera ese: “¡Quién te crees que eres!”, y ese otro: “Es que no quiero que te decepciones”, y ese definitivo: “Eres un soberbio”.

Personalmente, yo oigo a todo el mundo –no hacerlo sí sería soberbia-, pero escucho a muy pocos. Ni hago caso a los que me halagan, ni hago caso a los que me vilipendian. Y tengo que deciros que es una manera de afrontar las cosas que me permiten vivir bastante tranquilo. Ni tomo antidrepresivos ni tomo vitaminas vigorizantes del ánimo porque el ánimo para creer que voy a ser muy grande no me lo quita ni aquel que vive en el más absoluto desánimo.

Es mi manera de ver las cosas. ¿Soy un soberbio? No; sólo soy alguien que cree que va a ser el mejor en lo suyo. ¿Cómo conseguir tal objetivo si no crees que puedes serlo? La vida me pondrá en mi lugar, pero nadie me va a impedir que lo intente. El que quiera ser igual que el resto, que lo sea; de mí esperad mucho más que eso…

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4 comentarios en “Esa ambiciosa soberbia…

  1. Tu pensamiento coincide con el de Steve Jobs, y de tantos otros que para lograr lo que desean hacen lo que saben con pasión. Un gran cantautor y excelente referente en mi país solía decir: “Quien ama lo que hace está benditamente condenado al éxito” (Facundo Cabral). Para amar lo que uno hace, debe CREER en ello.
    Te animo a hacer oídos sordos con sonrisas y a ser el mejor escritor de este mundo.
    Un gran saludo 🙂

    1. Muchas gracias por tu ánimo. Este camino literario está siendo enormemente tortuoso. He tenido bastantes sinsabores durante los tres años que llevo dedicado a ello (también grandes alegrías: he ganado algún premio, he firmado ejemplares en la Feria del Libro de Madrid, etc.), y esos sinsabores han conducido a mucha gente al pesimismo, un pesimismo que te transmiten y que, obviamente, no te ayuda.

      La peor crítica que he recibido y oído en este tiempo me la hizo una persona querida. Me dijo: “No estás haciendo nada con tu vida”. Imagínate que te dicen eso; ¡es muy duro! No es cierto, pero es imposible que la gente entienda los tiempos de este negocio. Esto no es escribir y a los dos minutos publicar. No funciona así.

      Yo no soy famoso, no tengo amigos en Editoriales, no conozco a nadie en el sector, por lo que abrirte camino cuesta el triple. Además, están los propios tiempos literarios: se tarda entre 4-6 meses en escribir una obra (si hay investigación previa son 6-9 meses, incluso más), después envías la novela, las editoriales tardan otros 4-6 meses en leerla, una vez aceptada (si la aceptan) el proceso es de otros 4-6 meses en su edición. Es decir, entre que escribes la primera palabra y hasta que se ve la novela publicada pasa entre año y medio y dos años. Es mucho tiempo, y la gente no lo entiende esa lucha “sin rédito”.

      Pero aunque otros han dejado de creer, yo nunca he decaído. Ni decaeré. Y gracias a tanto esfuerzo veré una de mis obras publicada a final de año. Espero que la leas, porque va a ser una grandísima sorpresa (en positivo, claro). Voy a hacer algo grande, porque puedo, porque creo en mí, y porque tengo buena gente como tú a mi alrededor 🙂

      1. Esta lucha “sin rédito” es de la que han surgido los grandes escritores que leemos todos. Empezaron exactamente en las mismas condiciones, y muchos de los mejores sin la cantidad de herramientas tecnológicas con las que hoy contamos.
        Quien emprende un sueño, comienza de a poco, con paciencia y adaptándose a los tiempos que preceden el éxito, en cualquier área que se elija.
        Lo único que necesitas, ya lo tienes: confiar en ti mismo. Los mejores emprendedores y la gente que logra cambiar el mundo, dan pasos pequeños, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pero amando lo que hace.
        Acuérdate siempre de lo que decía Thomas Edison: “Los que aseguran que es imposible, no deberían interrumpir a los que estamos intentándolo” 😉
        Un gran saludo y adelante con lo tuyo 🙂

  2. Beita

    Yo creo que lo más importante es que tú mismo creas en ti. Eso ya te asegura por lo menos un camino interesante.
    La opinión del resto, no debe importarte en exceso. Sé que hay opiniones que te afectan para bien o para mal, pero la vida es tuya. Lo que hagas, lo haces con la tuya. Nadie debe decidir por ti.
    Yo no entiendo eso como soberbia. Son ganas de vivir, de crearte un futuro feliz, de sentir que persigues un sueño y vas a despertarte en él, de ser tu mismo.
    Como ya te he dicho, todo el mundo opina. Podrían dedicarse a estudiar física cuántica, pero no, se dedican a opinar. Es un modo de criticar.
    Tu sigue a lo tuyo. Llegarás.
    Besos.

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